viernes, 18 de abril de 2014

¿Me recuerdas?

Hola, ¿nos conocemos?
Vaya vaya, ¿es que ya no me recuerdas? ¿No te suena mi cara?
Tanto tiempo que gasté en ti para que ahora seas feliz con otro. Creí tus falsas promesas de amor, me dejé envenenar por tus besos como si fuesen la cicuta, me dabas la vida y al mismo tiempo me la quitabas, eras mi felicidad y mi desgracia. Me hacías sonreír para luego apuñalarme por la espalda sin piedad. Son tantas las heridas que hoy siguen abiertas…. Todavía me sigue doliendo el orgullo…
Me hundiste en el pozo, me empujaste al vacío cuando estaba en el filo del mundo. Me descubriste formas de dolor que hasta entonces desconocía; me enseñaste cómo es ese ardor crónico que se agarra a lo más profundo del alma.. No contenta con asestarme el golpe de gracia, todavía tuviste la cobardía de pisotearme cuando yacía tendido en el suelo, riendo cruelmente mientras presumías de haberme robado la juventud. Pese a todos mis esfuerzos, nunca logré que apreciases nada de lo que hice ya que todo resultaba insignificante para ti.
Cansado de tanta humillación decidí tomar yo la iniciativa, esta vez me tocaba a mi apuñalarte, esta vez te dañaría de la mejor forma que se me ocurrió. Me alejé de ti, de tus desprecios, de tu falso cariño, de tus traiciones… Necesitaba cambiar de vida, necesitaba que desaparecieses para siempre. Pero tú trataste por todos los medios de evitar que me fuera, porque mi dolor te evitaba recordar quién eras, una pobre desgraciada que creía ser feliz haciendo pagar a otro sus frustraciones.
Conseguí mi libertad, a partir de ese momento me tocaba empezar una nueva vida pero nunca imaginé en lo que me había llegado a transformar por ti. Al mirarme al espejo, observe el reflejo de un hombre distinto al que antes solía ser. La sonrisa se borró de mi boca y la vida se esfumo de mi mirada. Estaba contemplando un rostro gris. Un semblante que solo transmitía frialdad en el intento de no volver a mostrarse vulnerable. Ahora era un alma con el frío del cristal, había entendido que el tiempo no cura nada si no que te hace acostumbrarte al dolor. Mis únicos compañeros en esta nueva etapa es el alcohol y las drogas, donde estrangulo tus recuerdos cada vez que osas volver a aparecer por mi mente..


Ahora no siento nada, nada salvo ese ardor en el pecho que me pide insaciablemente que te destruya. No entenderás jamás esto. He comprendido que mi felicidad es tu desgracia, que no podré volver a sonreír mientras tú sigas respirando. Me aseguraré de que lo último que veas sea mi mirada cargada de odio. Me encargaré de que vivas el infierno en la tierra antes de mandarte al mismo infierno. Disfrutaré destrozándote como tú me destrozaste. Pero no creas que la muerte será tu paz, porque nos volveremos a ver al otro lado de la Laguna Estigia, donde Caronte nos recogerá para que ardamos eternamente en el Hades. Tú sufrirás la condena eterna, pero yo no, porque las entrañas del infierno no son lo suficientemente profundas para mí, no sufriré porque el infierno es mi casa, no sufriré porque allí estoy entre iguales. 
Entiendo que no me hayas reconocido después de tanto tiempo. Pero yo sí que te reconocí a ti, ya que sigues siendo la misma desgraciada que antes. No quedan días de verano para que me pidas perdón ni para borrar el daño que me hiciste. Ya no soy el mismo, ya no soy un hombre, ya ni siquiera soy una persona, ahora soy un demonio. De nada servirá que reces a tu Dios, ya que te abandonará igual que hizo conmigo. No pienses que escaparás, el fuego eterno nos espera, tú arderás en él, sufrirás, gritarás, pero yo permaneceré impasible ante tu dolor y ante las cadenas de mi condena. Recuerda que ya ni siento ni padezco, recuerda que tú me hiciste invencible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario