Sigo
asomado a aquel acantilado al que nos asomábamos, esperando a que llegue una
vida normal a mi desesperación.
Desde
el acantilado noto la espuma del mar en la cara… Tanta melancolía, tantos
recuerdos que van agarrados de los tuyos por mucho que quieras olvidarlos, mi
sombra y mi silueta siempre estarán grabadas en tu mente y pupilas.
El
fuerte oleaje plasma el odio y la rabia que siento y el duro frío se identifica
con mis sentimientos.
Miro la
inmensidad del mar azul con la misma intensidad que miraba tus ojos azules.
Esos días en este acantilado mirándote son un cuarto de mi vida.
Tenía
tanto por vivir, tanto por hacer, tanto por explorar, tantas oportunidades
tiradas por el acantilado.
Comienza
a llover, me tranquilizo, respiro, huelo la hierba mojada que me transporta a
otras épocas de mi vida y solo encuentro interrogantes y preguntas…
¿Qué es
lo que me pasa? ¿Qué es lo que espero de esta vida? ¿Lo sé todo ya? Y lo más
importante. ¿Por qué sigo haciendo esto?
Jamás
resolveré la última , mientras pasa el tiempo al igual que pasa la vida no
olvides que aquel chaval que un día hace años conocistes, ya hombre, ya diablo,
te protege desde el acantilado cual Ángel guardián tuyo.


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