miércoles, 30 de abril de 2014

Acantilado de Recuerdos



Sigo asomado a aquel acantilado al que nos asomábamos, esperando a que llegue una vida normal a mi desesperación.
Desde el acantilado noto la espuma del mar en la cara… Tanta melancolía, tantos recuerdos que van agarrados de los tuyos por mucho que quieras olvidarlos, mi sombra y mi silueta siempre estarán grabadas en tu mente y pupilas.
El fuerte oleaje plasma el odio y la rabia que siento y el duro frío se identifica con mis sentimientos.
Miro la inmensidad del mar azul con la misma intensidad que miraba tus ojos azules. Esos días en este acantilado mirándote son un cuarto de mi vida.
Tenía tanto por vivir, tanto por hacer, tanto por explorar, tantas oportunidades tiradas por el acantilado.
Comienza a llover, me tranquilizo, respiro, huelo la hierba mojada que me transporta a otras épocas de mi vida y solo encuentro interrogantes y preguntas…
¿Qué es lo que me pasa? ¿Qué es lo que espero de esta vida? ¿Lo sé todo ya? Y lo más importante. ¿Por qué sigo haciendo esto?
Jamás resolveré la última , mientras pasa el tiempo al igual que pasa la vida no olvides que aquel chaval que un día hace años conocistes, ya hombre, ya diablo, te protege desde el acantilado cual Ángel guardián tuyo.



sábado, 26 de abril de 2014

El poder del odio

Otra vez esa sensación. Otra vez vuelve a mí ese vacío existencial. De nuevo he vuelto a perderle el sentido a la existencia. Lo veo todo tan absurdo y con tan poco sentido…. Vuelvo a ser un cadáver en vida, una figura vacía que camina entre los vivos como uno más. Los amaneceres perdieron su luz, su vida, su calor; las noches volvieron a ser oscuras, frías e interminables; el sueño se convirtió una vez más en un mero recuerdo; los días volvieron a ser iguales, sin distinción entre lunes o sábado. Cuando pensé que todo había pasado, volvió a empezar desde el principio.
Creí haber conseguido liberarme del mal que desataste dentro de mí. Recuerdo como empezó todo… Fue hace ya mucho tiempo, cuando estaba terminando de ser un niño y empezando a convertirme en un hombre… Tú lo eras todo para mí, eras el centro de toda mi existencia y mi proyecto de vida se organizaba en torno a ti. Eras los cimientos que mantendrían mi futuro edificio. Iluso fui cuando confié ciegamente en tus palabras; tonto fui al entregarme y depender tanto de ti; imbécil al pensar que recibiría lo mismo de ti.
Admito que supiste jugar hábilmente tus cartas. Por primera vez perdí una guerra, una guerra contra ti, en la que la victoria de uno conllevaba la total aniquilación del otro. Tras fracasar en mi intento de supervivencia, me desplomé frente a ti, inconsciente. Para asegurarte de que jamás regresaría, me arrojaste al vacío, en un intento por ahogarme en las entrañas del olvido. No sé cómo sobreviví a aquella caída. Únicamente recuerdo haber estado tumbado boca abajo en frente de un extraño manantial natural mientras la sangre fluía en monstruosas cantidades como consecuencia del impacto. Mi vista comenzó a nublarse progresivamente mientras sentía cómo la vida se me escapaba en un último aliento. Me dispuse a darme por vencido y entregarme a la muerte cuando, de repente, una voz, tan fría como siniestra, resonó en mi cabeza: “Has sufrido mucho joven, percibo en ti enormes sentimientos oscuros, sé que ansías la venganza más que tu propia supervivencia. Posees un gran odio, un sentimiento que posibilita mi existencia, dime pues, ¿temes a la muerte? ¿Deseas consumar tu venganza? Dame tu alma y a cambio, burlarás a la muerte y obtendrás el poder que tanto ansías y necesitas para llevarla a cabo”

 Nada más recuerdo haber dicho que sí…… Al día siguiente me desperté boca arriba en medio de un desfiladero. Me encontraba distinto, algo había cambiado dentro de mí. Mis graves heridas se habían curado, incluida la que me atravesaba el pecho desde el hombro derecho hasta la cadera izquierda; en su lugar quedaba una enorme cicatriz. Tampoco sentía ya el dolor, solamente el odio, odio que envenenaba mis venas, mi sangre y mi corazón.
El destino quiso que nuestros caminos volvieran a cruzarse. Quedaste desconcertada al ver cuánto había cambiado. Pude sentir el temor que te inspiraba el odio intenso que transmitían mis ojos. Comenzó la batalla y volví a perder. Caí al suelo sobre mi rodilla izquierda, exhausto, mientras tú estabas de pié frente a mí, cruzada de brazos y esbozando una sonrisa de satisfacción. No, no podía ser, la historia no podía volver a repetirse, no podía volver a ser derrotado por ti después de tanto sufrimiento, no podía permitir que volvieses a destrozarme, tenía que levantarme, debía destrozarte. Mi cuerpo se encontraba muy fatigado, pero mi corazón ardía, ardía de odio hacia ti y latía salvajemente en mi pecho  pidiendo tu sangre.
Fue entonces cuando decidí liberar el odio que había en mí. Me puse en pie, me sentía de nuevo con fuerzas, el odio había hecho que no sintiera nada más. El color de mis ojos se tornó rojo sangre, mis dientes más afilados, la mirada más fiera y la cicatriz de mi pecho brillaba y quemaba con el color del metal fundiéndose. Un aura negra rodeaba mi figura. Sí, ahora sabía qué había querido decir aquel demonio en el manantial, este era el poder que me había otorgado a cambio de venderle mi alma y consumar mi venganza.
Retrocediste, asustada por el poder tan abrumador que tenías frente a ti. Intentaste ofrecer resistencia pero todo fue inútil, ya no eras rival para mí. Caíste desplomada frente a mis pies y levanté tu cuerpo moribundo sujetándote por el cráneo. Nuestras miradas volvieron a cruzarse de nuevo, te observé fijamente y no pude evitar reír como un loco al haber consumado mi venganza. Y entonces fue cuando te dije: “Teme mi odio”. La arrojé al interior de un volcán para asegurarme de que nunca jamás regresaría. Después, en mitad de la noche, alcé el vuelo atravesando las negras nubes que cubrían las estrellas del cielo.

Ahora solo vivía para propagar el mal y el odio entre los hombres, alimentándome de sus peores sentimientos.

miércoles, 23 de abril de 2014

Vida y muerte



Como agua de Otoño te deslizastes de entre mis manos, sé que ya no volverás, jamás volveré a ver tus ojos acercarse a los míos.
El caos será mi sastre.
No quiero convertir tu vida en un Réquiem en mitad de un bosque lluvioso, no te convengo, yo soy carne de cañón, aquel loco que conocistes con la muerte por bandera, nuestros finales serán diferentes, yo moriré y tú vivirás.
Con una sonrisa en la cara y el corazón en la mano aún recuerdo aquella noche en que nos conocimos, los “te quiero” que a escondidas nos dijimos y esa noche en la que decidimos que todo acabaría, bifurcando los caminos de nuestra alegría.
Tú me olvidarás como te dije hace años, yo sigo en mi caverna envuelto en la oscuridad de mi corazón marchito por el odio y la soledad, recordando que daño le hice al mundo en otra vida.

No tengo alma, mi Dios me abandonó hace tiempo, soy un lobo herido que no tiene nada que perder,  y daré la bienvenida a la muerte con una sonrisa.


domingo, 20 de abril de 2014

Sueños oscuros

 Una vez más me despierto en mitad de la oscuridad con el mismo sueño. Cuatro años soñándote noche tras noche, sin excepción.
¿Quién eres, hermosa mujer? ¿Por qué mueres en mis brazos cada noche? Te amo y ni siquiera te he visto en persona, ¿por qué me susurras al oído en esa lengua que desconozco?
Cada noche que te sueño me siento en paz conmigo mismo, cuando estás riendo conmigo y al mismo tiempo, después, como si descendiera a los infiernos y ardiera cuándo, como si fuera la mismísima decisión de Lucifer, mueres entre mis brazos.
Cada noche me despierto empapado en sudor, todos y cada uno de mis poros sudan tu fragancia “imaginaria”, no se me va de la cabeza tu cara mirándome en aquel lago mientras te hundes en aquellas aguas turbias, llevándote contigo todo mi ser y todo mi corazón.
Nunca antes experimenté tal felicidad, tu forma de sonreírme, mientras yo juego con tus cabellos dorados como si de un Ángel se tratara, mientras observo tu piel blanca y suave, digna de la diosa Freya , y tus ojos verdes como los del inmenso Pacífico.
¿Eres mi maldición o mi Don? Me gustaría entender qué es lo que me dices cuándo me hablas en esa preciosa lengua que no conozco, pero no me importa, nada me importa antes de que mueras.
En ti se plasma el drama de mi vida…Encontrar para perder, eres mi maldición y mi destino diría yo.
Recuerdo con todo tipo de detalle cuando, en el mejor momento beso tus labios fríos pero atrayentes y me permites beber la hiel de tu boca.
Oler tu suave y blanco cuello de cuya fragancia desconozco, que me incita a beber tu líquido vital para, así poder tenerte dentro de mí, o por lo menos hacerme esa idea en mi cabeza, aunque viva una realidad falsa.
¿Por qué mueres? ¿Qué intentas decirme? ¿Acaso no soy digno de ti?
Todo lo que nos rodea es oscuro, supongo que resume el drama de mi vida consumida y aterrada por demonios pero, cuando vives en mi sueño antes de que mueras y podemos sonreírnos y mirarnos me haces vivir momentáneamente .
Recuerdo perfectamente el lago de aguas turbias en el que te deposito con una sonrisa que no puedo evitar ni manejar, para que te hundas mientras me miras con tristeza y pena.
En mi cabeza solo hay sitio para una pregunta ¿Quién eres? Le pregunto a mi cabeza, fruto de la desesperación que abunda en mi mente y corazón.
¿Existes? ¿En qué parte? ¿Estamos destinados a encontrarnos en el camino de la vida? Ya se verá.
Desde que te sueño mi descanso se ha convertido en una tragedia Rusa, mientras tanto, te digo que juro por mi vida que esto no es casualidad, algún día te encontraré.
“El amor platónico no existe”
“La estupidez humana puede llegar a superar la ficción”






La maldición del talento

Vamos caminando en plena noche por el interior de un bosque oscuro, cuyos árboles ahora se muestran negros, como vacíos de la vida que por el día albergan, sus ramas se retuercen y lían entre ellas de las más raras maneras. Los cuervos también negros que sobre ellas se posan graznan furiosamente, ardiendo en deseos de arrancarnos los ojos,  y alzan el vuelo conforme vamos avanzando por debajo de ellos.
Ellos nos conocen, al igual que todas las criaturas de la noche, conocen nuestra historia, saben quiénes somos y qué hicimos en un pasado que recordamos sonriendo al mismo tiempo que nuestra maldición nos consume lentamente. Éramos jóvenes con ansias de comernos el mundo, teníamos proyectos, ilusiones, sueños que cumplir; creíamos que la vida era felicidad pensando que el sufrir penurias había pasado a la historia igual que pasó la época de nuestros abuelos. No tardaríamos en darnos cuenta de lo equivocados que estábamos. Enseguida, la envidia, el falso amor, la codicia y la traición hicieron acto de presencia entre nuestros círculos más cercanos y sus efectos no tardaron en dañarnos. Hartos de recibir puñaladas de quienes creíamos “amigos” y “amores”, nos obsesionamos con la fuerza. Guiados por nuestra obsesión, iniciamos un proceso de entrenamiento para que nuestras debilidades físicas y mentales pasasen a la historia.
La guerra fue la oportunidad perfecta para ponernos a prueba a nosotros mismos. No mostramos piedad con ninguna de nuestras víctimas, daba igual que fuese hombre, mujer, niño o anciano, no hacíamos distinción, nos era indiferente. No nos tembló el pulso a la hora de decapitar a sablazos a aquel hombre delante de su esposa e hijos, tampoco lo sentimos cuando apuñalamos a aquel niño de mirada inocente, ni cuando violamos salvajemente después a su madre. Destrozamos a nuestros enemigos, arrastramos sus cuerpos por la carretera exhibiéndolos como trofeo de guerra, la gente nos observaba con horror, temerosos de correr la suerte de nuestras víctimas, mientras nosotros reíamos salvajemente y con locura, orgullosos de haber asesinado nuestras debilidades. En nuestra búsqueda del poder más absoluto, nuestros amigos, familias y seres queridos también cayeron víctimas de nuestras ambiciones. No nos tembló el pulso, nada nos parecía lo suficientemente horrible.

Poco a poco fuimos víctimas de nosotros mismos. Nuestra sangre se volvió azul, nuestra piel palideció como el semblante de la muerte, nuestro aliento se volvió frío y nuestros ojos grises e inexpresivos; su mirada únicamente transmitía un profundo odio, solamente cambiaban de color con la sangre, adoptando el vivo color rojo de esta. Nos olvidamos de qué significaba la palabra dolor, ya nada nos importaba, no teníamos nada que perder, ya nada podía dañarnos.
Nos retiramos a las altas montañas, cuyos bosques y colinas recorríamos todas las noches al caer el sol vestidos con una capucha y una gran capa negra. Éramos los renegados, hombres que habían nacido en una época que no era la suya, que creían en unos ideales ya muertos y cantaban las triste canciones de una guerra terminada hace siglos.
Una noche como otra cualquiera, mientras caminábamos entre los vientos helados del bosque y los furiosos graznidos de los cuervos, dos jóvenes salieron a nuestro paso. Iban armados, concretamente con una espada y un revólver, se plantaron ante nosotros, exhibiendo una mirada de intenso odio hacia nosotros. Habíamos asesinado a su familia y ahora clamaban venganza. Por primera vez en mucho tiempo, no pude evitar que se me escapase una sonrisa altanera al mismo tiempo que mi compañero incitaba a los muchachos a que llevasen a cabo sus intenciones. El primer muchacho descargó el cargador del revólver sobre el pecho de mi compañero, que cayó al suelo apoyado únicamente en su rodilla izquierda. Al mismo tiempo, el segundo muchacho se abalanzó sobre mí, atravesando la parte izquierda de mi pecho.
El tiempo pareció haberse congelado de repente. Acto seguido, noté el dulce sabor dulce y frío de mi sangre deslizándose entre mis labios. El muchacho me observaba expectante mientras mantenía su espada hundida en mi pecho. Comencé a reír y, al instante, la capucha cayó dejando al descubierto mi blanco semblante pálido como la muerte. El muchacho quedó atónito, observando mis ojos de color rojo como la sangre.
 Le miré fijamente a sus ojos y su expresión inicial de decisión y valor había cambiado radicalmente; su mirada reflejaba su pánico. No pude evitar sonreír. Admito que disfrutaba con su miedo. Presa del pánico, el chico hundió toda su espada en mí, sobresaliendo la hoja de este por mi espalda. Fue entonces cuando le agarré por la nuca y le susurré al oído: “No puedes matarme chico, ya estoy muerto”. Le apuñalé rápidamente en el cuello y cayó al suelo boca arriba. Al mismo tiempo, mi compañero se había levantado y había degollado al otro muchacho, que yacía inerte en el suelo. El moribundo muchacho me preguntó el por qué de nuestras acciones. Caminé hacia él y lo levanté en peso sujetándole por el cuello. Le respondí: “El poder lo es todo”. Al terminar de contestarle, le atravesé con su propia espada, rematándole. “Saluda a Satanás de mi parte, chaval”.

Estos muchachos erraron al igual que el resto de gente al juzgarnos como simples hombres, pues no lo éramos. Nos habíamos convertido en sombras, seres oscuros que son temidos por la Muerte y hasta por el mismísimo diablo. Fuimos chicos con talento y nos transformamos en almas malditas, condenadas a vagar solitariamente por la tierra por toda la eternidad, con imposibilidad de morir; solo sabíamos matar, ese era nuestro único talento. Lo que nunca nadie supo es que nuestro talento era al mismo tiempo nuestra maldición.

San Petersburgo




Observo esta ciudad que es como un palacio gigante nevado decorado con lujoso oro en la mayoría de sus edificaciones, lo tiene todo; lujo, oro, mujeres preciosas, suciedad ,corrupción , gente maleducada, gente humilde, gente leal , frío, calor .
En el pasado prostituyeron tu nombre, pero tú fuiste eres y serás San Petersburgo,
Sus gentes son maleducadas y ordinarias, pero nunca había visto gente más leal a los suyos que ellos, son luchadores y aman a sus familias, esta gente está hecha de otra pasta.
San Petersburgo es la ciudad más preciosa de este mundo.
sus mujeres son las más bellas que he visto en la pequeña parte del mundo que he conocido, finas , educadas, guapas e inteligentes. Jamás me he enamorado tan seguidamente de tantas mujeres en tan poco tiempo.
Gloriosa ciudad de los Zares que para ser tan oscura y fría iluminas y calientas mi alma como ninguna otra ciudad del mediterráneo había hecho. ¿Qué tienes, ciudad de los Zares? Que me vuelves adicto a la blancura y pureza de tu ciudad.
Tal vez sea por el contraste, por el frío que se te cuela por las fosas nasales respirando puramente la esencia de “La Madre Rusia” o por el frío que impacta con fuerza en tus ojos advirtiéndote que si quieres sobrevivir a esta ciudad debes ser fuerte.
San Petersburgo es la ciudad más preciosa del mundo.
Tus palacios me recuerdan a un pasado glorioso que a día de hoy está en decadencia , eres vieja y lo sabes pero, al mismo tiempo conservas esa belleza y cultura que en pocas ciudades encontrarás.
Tu majestuosidad hace honor a tu belleza, eres digna de los piropos que he oído de ti.
San Petersburgo es la ciudad más preciosa del mundo.
El reino de los bosques nevados en toda su esencia, no me has decepcionado en absoluto, San Petersburgo,

“ ¿Dónde está mi Katyusha?”

sábado, 19 de abril de 2014

Arrepentimiento



A altas horas de la madrugada sigo aquí sentado en la arena frente al mar, recordando a ese amigo que ya no respira como yo, recordando a ese chico que fue un camarada y un hermano para mí.
Hice lo que debía hacer me digo , para intentar hacerme creer a mí mismo de que no soy un diablo en vida.
Desde la oscura noche iluminada solo por la luz de la luna no puedo evitar ver la silueta del que fue mi gran amigo saliendo de entre las olas, señalándome con su dedo acusador.
Me ordenaron hacerlo y lo hice… Mi gran amigo, mi hermano, mi camarada, mi aliado , mi traidor.
Aún recuerdo todas y cada una de sus súplicas haciendo referencia a nuestra prehistórica amistad y con los ojos derrotados del que sabe cual será su ridículo y triste final.
Alguien muy conocido está detrás de mí , mi vieja amiga la Muerte , siendo yo un privilegiado, privilegio que no merezco, “La muerte” toca para mí por última vez el “Claro de luna” de Beethoven como último deseo para mí.
Mientras la muerte espera a que me dé la vuelta ella sigue tocando el piano en mitad de la noche, y yo solo tengo recuerdos para las palabras del que fue mi mejor amigo, (No lo hagas, por favor!!!!) (También irán a por ti, tarde o temprano) pero no le hice caso y obedecí cual perro sumiso sin voluntad ni razón alguna.
El “Claro de luna” de Beethoven termina , respiro profundamente , solo siento arrepentimiento pero yo elegí esto , me vuelvo, y esa vieja amiga con capucha, capa , una guadaña y su piano, se ha esfumado y se han convertido en dos tipos vestidos de negro y con pistola en mano. No digo nada, me lo advirtieron, solo espero en breves minutos mi cruel destino que yo me he ganado a pulso.
“Esta es la vida que elegimos” solo queda afrontarla


viernes, 18 de abril de 2014

El recuerdo



Recuerdo el cariño de una madre que ya no volveré a tener.
Recuerdo los sabios consejos de un abuelo que ya jamás me dará.
Recuerdo esos paseos con mi abuela que jamás volveré a recorrer.
Recuerdo una infancia y una adolescencia que nunca volveré a vivir.
Recuerdo el rostro de ella acercándose  a mí para besar mi cuello mientras yo olía esa fragancia que nunca olvidaré.
Recuerdo miles de peleas por un ideal que para mí murió hace mucho tiempo.
Recuerdo las mujeres que pasaron por mi cama , mientras que, en mitad de las calurosas noches de verano solo tenía sitio en mi cabeza para pensar en una.
Recuerdo esas noches de frío invierno en las que bebía como si no hubiera un mañana, como si ya todo diera igual, como si el alcohol fuera esa tan ansiada persona por la que pondría la mano en el fuego porque sé que jamás me abandonará.
Recuerdo a ese hermano pequeño al que me tenía como un referente , por el que luché y luché como si de mi hijo se tratara , me arrepiento de no poder seguir dando hasta mi última gota de sangre por él.
Recuerdo esa bala profundizar en mi corazón hasta hacerlo añicos, fue una alegría esa bala, pensaba que yo no tenía corazón .
Con todo el dolor de mi alma moribunda y con el orgullo roto en mil pedazos tuve que irme, más bien para intentar huir de mí mismo, aunque creo que esa maldición jamás acabará para mí, en lo que me queda de mi triste existencia, mi mayor enemigo siempre seré yo mismo, y dañaré a todos los que estén cerca de mi .
TODA una vida de vivencias , peleas , risas , amistades , amores imposibles ,alcohol, drogas , violencia… Mi pregunta es. ¿Habría vivido mejor sin estas cosas? En la humilde opinión de un maldito poeta muerto como yo creo que no….ES LA VIDA amada mía, que jamás te volveré a tener entre mis brazos y que una vez, en otra vida te tuve.

“La realidad es triste”

¿Me recuerdas?

Hola, ¿nos conocemos?
Vaya vaya, ¿es que ya no me recuerdas? ¿No te suena mi cara?
Tanto tiempo que gasté en ti para que ahora seas feliz con otro. Creí tus falsas promesas de amor, me dejé envenenar por tus besos como si fuesen la cicuta, me dabas la vida y al mismo tiempo me la quitabas, eras mi felicidad y mi desgracia. Me hacías sonreír para luego apuñalarme por la espalda sin piedad. Son tantas las heridas que hoy siguen abiertas…. Todavía me sigue doliendo el orgullo…
Me hundiste en el pozo, me empujaste al vacío cuando estaba en el filo del mundo. Me descubriste formas de dolor que hasta entonces desconocía; me enseñaste cómo es ese ardor crónico que se agarra a lo más profundo del alma.. No contenta con asestarme el golpe de gracia, todavía tuviste la cobardía de pisotearme cuando yacía tendido en el suelo, riendo cruelmente mientras presumías de haberme robado la juventud. Pese a todos mis esfuerzos, nunca logré que apreciases nada de lo que hice ya que todo resultaba insignificante para ti.
Cansado de tanta humillación decidí tomar yo la iniciativa, esta vez me tocaba a mi apuñalarte, esta vez te dañaría de la mejor forma que se me ocurrió. Me alejé de ti, de tus desprecios, de tu falso cariño, de tus traiciones… Necesitaba cambiar de vida, necesitaba que desaparecieses para siempre. Pero tú trataste por todos los medios de evitar que me fuera, porque mi dolor te evitaba recordar quién eras, una pobre desgraciada que creía ser feliz haciendo pagar a otro sus frustraciones.
Conseguí mi libertad, a partir de ese momento me tocaba empezar una nueva vida pero nunca imaginé en lo que me había llegado a transformar por ti. Al mirarme al espejo, observe el reflejo de un hombre distinto al que antes solía ser. La sonrisa se borró de mi boca y la vida se esfumo de mi mirada. Estaba contemplando un rostro gris. Un semblante que solo transmitía frialdad en el intento de no volver a mostrarse vulnerable. Ahora era un alma con el frío del cristal, había entendido que el tiempo no cura nada si no que te hace acostumbrarte al dolor. Mis únicos compañeros en esta nueva etapa es el alcohol y las drogas, donde estrangulo tus recuerdos cada vez que osas volver a aparecer por mi mente..


Ahora no siento nada, nada salvo ese ardor en el pecho que me pide insaciablemente que te destruya. No entenderás jamás esto. He comprendido que mi felicidad es tu desgracia, que no podré volver a sonreír mientras tú sigas respirando. Me aseguraré de que lo último que veas sea mi mirada cargada de odio. Me encargaré de que vivas el infierno en la tierra antes de mandarte al mismo infierno. Disfrutaré destrozándote como tú me destrozaste. Pero no creas que la muerte será tu paz, porque nos volveremos a ver al otro lado de la Laguna Estigia, donde Caronte nos recogerá para que ardamos eternamente en el Hades. Tú sufrirás la condena eterna, pero yo no, porque las entrañas del infierno no son lo suficientemente profundas para mí, no sufriré porque el infierno es mi casa, no sufriré porque allí estoy entre iguales. 
Entiendo que no me hayas reconocido después de tanto tiempo. Pero yo sí que te reconocí a ti, ya que sigues siendo la misma desgraciada que antes. No quedan días de verano para que me pidas perdón ni para borrar el daño que me hiciste. Ya no soy el mismo, ya no soy un hombre, ya ni siquiera soy una persona, ahora soy un demonio. De nada servirá que reces a tu Dios, ya que te abandonará igual que hizo conmigo. No pienses que escaparás, el fuego eterno nos espera, tú arderás en él, sufrirás, gritarás, pero yo permaneceré impasible ante tu dolor y ante las cadenas de mi condena. Recuerda que ya ni siento ni padezco, recuerda que tú me hiciste invencible.

jueves, 17 de abril de 2014

Bienvenidos a la oscuridad

Bueno camaradas , este es un blog solo para almas aterradas y que se arrepienten de la vida que han llevado en el pasado, vidas oscuras, desamparados, gente que sabe lo que es sufrir, en definitiva... Gente de otro submundo.
Se colgarán poemas, poesías, versos ,prosas etc de épocas pasadas y de tiempos mejores que hoy por desgracia no vivimos, los que lean este blog supongo que serán almas en pena (si no ,si eres un "Progre" moderno aficionado a MHYV y oyente del Reggeaton y demás mierdas incultas no se que haces en este blog) Este blog coopera en sus entradas mano a mono con el famoso "Club De Los Poetas Muertos" esperemos que este blog sirva para sacar los traumas de todos afuera y que la gente se de cuenta de que ... En esta vida de luces y sombras todos tenemos traumas, y recuerdos oscuros que jamás olvidaremos.

Gracias por todo!!, Danke für alles!!!